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sábado, 14 de noviembre de 2015

Tropezones, cumpleaños, churras y regalos.





Que conste que la culpa la tuvo un tropezón. Es cierto que en ese momento mi atención estaba focalizáda totalmente en la parte trasera de la homenajeada, pero la cosa no fue a propósito.

Cuando llegué al cumpleaños -como siempre tarde y sin regalo- las chicas ya se habían apoderado de la cocina y estaban destripando al genero masculino en general y a los que estábamos en la fiesta en particular.

Lo de los chicos era peor, un poco "perjudicados" por la bebida discutían sobre si había sido o no penalti una jugada de un partido acabado hace mas de tres días. Eso si, sin lógica. Los que eran del equipo atacante coincidían todos en que había sido clarísimo. Los del equipo que defendía eran unánimes a la hora de decir que de falta nada de nada.

Ante tan desolador panorama -y seguro de que las chicas no me acogerían- me agencié una botella de Chablis me fui a la poblada biblioteca y -acompañado de las mascotas de la propietaria- pasé un tiempo sin que mi ausencia fuera detectada. 
Bueno, fue un poco mas que eso, la gente empezó a marcharse dando la reunión por terminada. Al acabar la lectura que me había acaparado la atención y en vista de que no oía ruidos salí y me di cuenta de que la casa estaba vacía, de puntillas -por si la propietaria y cumpleañera estaba durmiendo- pasé por el lavabo a vaciar parte del vino bebido y cuando iba hacia la puerta la vi en la super mega terraza preparandose una bañera -desnuda- y ahí fue cuando focalicé en su retaguardia y tropecé, con el ruido ella se dio la vuelta (comprobé entonces porque les llamaba las legendarias) me miró, sonrió y traviesa me pregunto; ¿ese es mi regalo?

¡Ah! ¿No les había contado de mi mundialmente famoso despiste? Me olvide de subirme la cremallera y tenía la "churra" fuera del pantalón.

En esa situación ¿como iba a dejar a una amiga sin regalo?