.

.

domingo, 13 de diciembre de 2015

de mequetrefes, alborotadores y coincidencias






Mildred y dos de sus amigas estaban en la mesa de los bailarines de Vettriano, en modo "cadaunaalosuyo" consultando los respectivos móviles, ajenas -parecía-a lo que las rodeaba.

Nosotros estábamos hablando en la mesa de la esquina del café, ya sabes la que esta junto a la ventana que va de suelo a techo, la que da a un trozo rectangular de césped verde brillante. Si, la que está debajo del cuadro de la tipa disfrutando de su terraza. Nuestra mesa preferida.

Habíamos llegado a ese momento en que se cuentan situaciones de las que se salen de lo corriente, esas que es necesario provocar, y que luego gusta repetir.

* A mi lo que me gusta es la complicidad entre dos en medio de un grupo no avisado.

Mis amigos me miraron extrañados.

* Si, imaginaros una cena con los compañeros de trabajo, resulta que (hipotéticamente) yo tengo una aventura con una de mis compañeras sin que los demás lo sepan. Todo, todo lo que pase esa noche tendrá un significado diferente para nosotros dos que para los demás. La frase dicha en publico “yo después de aquí me voy a la cama para una sesión de sexo salvaje con una amiga”, será recibida con escepticismo por el grupo, pero con una sonrisa interna por la que sabe. Y si ella contesta, “que suerte, yo creo que me lo voy a hacer con un incompetente” todos reirán, pero solo yo sabré que es un castigo con sentido del humor por ser tan bocazas (bueno, esperaría que solo fuera un chiste).
Y la cosa mejora si nos sentamos juntos y durante la cena deslizo mis dedos por la parte interior de sus muslos, levantándole poco a poco la falda, y mejora todavía mas cuando ella al mismo tiempo que abre un poco las piernas comenta, “tenemos que repetir estas cenas para ir aproximándonos mas” provocando que todas las miradas se dirijan hacia nosotros.

* Si hombre, tu que eres un mequetrefe salido harías eso, pero ella no.
* Estoy hablando de complicidad. Ella también juega, también disfruta. Si no, evidentemente yo no actuaría de esa forma.

Le miraban extrañados, aunque la idea les fascinaba un poco. 

El siguió explicando algunas posibilidades mas mientras Mildred apartaba la vista de su móvil y cabeceaba negando, mientras acababa su té rojo y se avisaba a la camarera para pagar.

*…o que hubiera quedado aquí con mi amiga y cuando acabe este café con vosotros me vaya a esa sesión de sexo salvaje.

* ¡Oye cóbrame! que tengo que verme con un incompetente para un ratito de alboroto.

A mis amigos les hizo gracia la coincidencia.