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lunes, 18 de enero de 2016

fantaseando



La verdad es que la pelirroja me parecía mágica. 
La otra verdad es que no solía hacerme mucho caso.

Le sonó el móvil y -como yo era un cero a la izquierda- lo atendió.

Me puse a mirar el cuadro que tenia hoy el café, el de la chica de los tatuajes (sin dejar de intentar oír su conversación).
Fue corta, primero escuchó un rato, luego solo habló ella.

"Pasó una vez, pasó dos veces, tres, vale cuatro. Quizá cinco o seis. Pero no volverá a pasar la séptima vez. No quiero que me llames a la una de la madrugada para que sea tu polvo de ultima opción para salvar tu calentura nocturna".
Y colgó.

Me miro, tenia cara de cabreo. Puse mi universalmente famosa cara de poker.

* ¡¡¡¿Qué?!!! Casi me gritó (¿Casi?).

* Para mi serias primerísima opción a la una, a las siete de la tarde y al mediodía. De siete a diez de la mañana no, que a esas horas no suelo ser nadie.

No pudo evitar sonreír.

Empecé a fantasear si tendría tatoos como la del cuadro.