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miércoles, 17 de febrero de 2016

empujando la vida




Frío, casi hielo. Seguro por debajo de cero. Y allí estaba ella desde hacía un rato, sin moverse, apoyada en el trasto de correos, con la mirada fija, sin poder apartar los ojos de la pintada.

A Mildred se lo contó después en la cena de chicas. 
Hablaron de esas cosas externas que -a veces- hacen que percibas claramente algo que deberías haber visto, notado, valorado. 
Como una pintada de alguien desconocido te abría los ojos. 
Como había logrado que se diera cuenta del valor de Violeta y su disposición permanente, su estar siempre. 
"Mildred -le dijo Ceci- vi la frase y me quedé inmóvil, paralizada por fuera y totalmente activada por dentro mientras la idea ocupaba cada centímetro de mi cuerpo. Tomé las decisiones a toda velocidad. Llame a Cris y le dije que no podía quedar. Luego llamé a Violeta y la invite a tomar una copa cuando salga a esas horas imposibles de la noche de su trabajo".

En el cine, vestida con ese uniforme que la empresa les daba para que los clientes distinguieran a las acomodadoras, ese gremio llamado a desaparecer, Violeta pensaba en las vueltas que da la vida cuando la empujas un poco. Ceci que no le hacía ni caso. Y como se atreve a pintarle una frase en la pared de la calle por la que pasa siempre...

En la pared, en rojo escandaloso (uno de los tonos de ese color que mas me gusta) el texto seguía llamando la atención de los viandantes.

"Algunas personas hablan contigo en su tiempo libre.
Algunas personas liberan tiempo para hablar contigo.
¿Sabes valorar la diferencia?"