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jueves, 17 de marzo de 2016

casitas de muñecas





Tengo un marido y tres hijos,
el bono de un gimnasio al que nunca he ido.
Tengo un frasco de somníferos en la mesilla.
Está vacío.



En la lenta fila del supermercado
o en la cocina preparando algo rápido
en el parque infantil vigilando que cumple la normativa UNE
o en las vacaciones de resort privado
arrastrando los tacones hacia el próximo atasco
o entre las sábanas recién planchadas para el sexo sin ganas del sábado.
Tenemos todo lo que el dinero puedo comprar.
Tenemos todas las respuestas pegadas en el paladar.
Pero al otro lado de nuestras ojeras
somos solo la sombra de nosotras mismas.


Parecemos mujeres adultas
somos niñas sin fe jugando por inercia.