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miércoles, 30 de marzo de 2016

la casa del lago. C.




Cuando me levanté solo vi a C., que estaba desayunando con Petronilo tumbado a su lado (como siempre).

* Vaya noche -dijo- tenemos al resto del grupo hundidos en la miseria. No aparece nadie.

* Mi segundo apellido es nadie.

* Valeeee, seguro que me has entendido.

 (sonreímos).

Fui a la cocina me prepare mi café con leche mañanero y volví al salón, me senté en la silla que tenia a su izquierda la naturaleza y a su derecha el mundo entero.

C. me miraba fijamente (mis equilibrios con las tazas son ya una leyenda). Habló en un susurro:

* ¿Valoraras la posibilidad de un polvo conmigo? Solo sois dos hombres. Con B. no puedo; anda colgado de mi y seria contraproducente a posteriori. Y con las chicas lo probé, pero no están por la labor.

La mire intentando que mi legendaria torpeza no derramara todo el café.

Ella dijo: "Si derramas...mejor, cuando derrames el café (reímos) ¿me contestaras?".

Ella lo sabia.

También sabia que yo sabia que ella lo sabia.
Pero aún asi jugaba, como si tuviese la necesidad (que no) de sexo antes de que acabara el finde.

* Nunca me niego a una cena, una charla, un polvo o un viaje….

Ella acariciaba la cabeza de un tranquilo Petronilo, yo hacía girar al mundo mundial a mi antojo.

* Entonces ¿qué me recomiendas?

* “Hasta que no sepas exactamente lo que quieres, no aceptes nada a cambio”.

Fue rápida.

* “A veces la única solución es cambiar de problema”.

Y así fue pasando la mañana hasta que los otros se unieron a la conversación.

Lo bueno de los amigos de largo recorrido es que todos sabemos sin necesidad de verbalizar.

Aunque somos un grupo que verbaliza mucho…y maestros en el uso de la lengua.