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jueves, 31 de marzo de 2016

la casa del lago. D.





Miraba a D. mientras dormía.

Habíamos tenido una noche completa (cena, charla, risas. sexo, descanso).

Al levantarse se había hecho la valiente y se puso a intentar leer en la hamaca del patio, pero la falta de horas de sueño venció en el desigual combate.

Cerré los ojos y la vi la tarde de ayer, cuando finalmente decidí acercarme a la zona de playa. Me vino a recibir desnuda -como permitía un lugar en que estaban solas y habían hecho suyo- con una sonrisa un poco sorprendida, e ironizó sobre mi presencia en un lugar sin sombras donde refugiarme.


Pero sonreía porque sabia que estaba allí por ella.

Las mujeres siempre saben.

Por lo menos las inteligentes que son básicamente las que me interesan.

Volví a verla dormir. Me producía calma saber que existía y, aunque es mas fácil rozar el sol que mi legendario corazón de piedra, sé que esa mujer me colma.

Entonces recordé el camino hasta el mar.
Era claro. Solo había una posibilidad y lo recorrías sabiendo que al final estaba justo lo que buscaba.

Como sabia que a ella le pertenecía mi futuro inmediato.