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lunes, 11 de abril de 2016

enumerando





El primero, al levantarme. 
Sentada con mi café con leche, totalmente relajada, dejando que mi mirada se perdiera en el bellísimo azul del mar y que los pensamientos danzaran libres en la cabeza.









El segundo cuando decidí descansar del paseo mas tipo aventura que turismo y me regale un Riessling frío en un Hope no muy lleno a esas horas.







El tercero absolutamente fantástico, por la tarde, en el campo. Dejando que Cohen corriera libremente, ladrando haciéndose ilusiones de salvaje mientras yo releía a Mr. Prado. 
Permitiendo que la placidez, el suave calorcito y las mágicas palabras me penetraran.


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Bueeeeeeeno, hubo un cuarto. Por la noche permití que Guillermo (tan insistente él) me invitara a cenar en el Hope
...y ya se sabe una cosa lleva a otra...

Los placeres de un buen dia. 
Hay que enumerarlos al acabar la jornada no vaya a ser que no nos demos cuenta de lo bueno que nos roza.