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miércoles, 27 de abril de 2016

atreverse a la aventura cotidiana




Después de comprar el periódico, me fui al local de siempre, el del suelo de madera, mesas amplias y luz suficiente. Al entrar la vi, estaba sola, con una taza de cafe que rodeaba con las manos, ella levanto la vista y fijo sus ojos en mi.

Algo mas; fijo su mirada. Esboce una ligera sonrisa, le hice un gesto ligero con la cabeza, me senté en la mesa de la ventana, frente al luminoso cuadro de Xin Pan, pedí mi droga diaria y me puse a leer.

Pero una idea se había quedado, traviesa, bailando por mi cabeza. Idea que evitaba la concentración en las letras negras del diario, idea que saltaba para recoger toda mi atención. Repetía "Te ha invitado, te ha invitado, te ha invitado...."

No me atrevía a acercarme, ¡¡ con que derecho !! Seguro que la molestaba, seguro que iba a pensar de mi que era un baboso, o peor un acosador. El miedo me paralizaba, pero mi deseo era intentar.

¿Había mirado en mi dirección? Me pareció ver un ligero movimiento en sus labios, como el inicio de una sonrisa que no llego a concretarse.

Sonaba suavemente la música en el cd del establecimiento, Lucinda Williams decía "...Tome lo mejor de lo que me diste, hice lo máximo que me dejaste" 
Ella movía los labios repitiendo las palabras sin sonido.

Me levanté, me acerqué despacio, sin apartar mi mirada de sus ojos, ahora fijos en los míos, coloque mis dos manos en su mesa y bajito (con la boca seca) dije "Me gustaría sentarme un rato contigo.¿Molesto?"