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jueves, 5 de mayo de 2016

el final de la jornada laboral





La señora Pigomez es una mujer de posibles, extremadamente religiosa. De esas  casi fanáticas que creen que ni en el arte se pueden mostrar desnudos y que no encuentran contradictorio ir hablando de amor al prójimo al mismo tiempo que se pone a caldo a los que no piensan como ella.
La señora Pigomez tiene contratada a la pequeña Amapola, para que barra y lave los platos a media tarde...después del té.

Amapola tiene trece años y barre después de su jornada escolar, antes de los deberes. La casa le atemoriza, con muchas frases en las paredes de la cólera de ese dios del que tanto habla su contratadora.

Al acabar su tares la niña Amapola va a la cocina a dejar la escoba. Sobre la mesa el resto de un pastel de limón y coco que parece sobró del té. Cae en la tentación lo coje y cuando lo va a morder sus ojos se clavan en uno de los carteles: "Dios lo ve todo". Rápidamente deja el pastel. Guarda la escoba. Ve otro cartel: "Dios ayuda a quien se ayuda".
La niña Amapola sonríe.
Se come el pastel.