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martes, 17 de mayo de 2016

dicen que no hay nada escrito, pero hay algunos que molan




El sol había ganado la batalla y la temperatura era una gozada. Dejé el libro en mi regazo, cerré los ojos e intenté relajarme.

El tipo estaba sentado en la mesa a mi izquierda. Hablaba por el móvil lo suficientemente alto como para que me enterara de todo sin ningún esfuerzo.

¿Me preguntas que donde me gustaría estar?

· En el invierno australiano, en uno de los preciosos cafés de suelo de madera de Fremantle, leyendo unos versos de Carver o Bukowski, bebiendo un café latte.

· O callejeando por Londres, huyendo de los turistas veraniegos y de sus rutas atiborradas.

· En el interior cálido, suave y húmedo de una mujer.

· Sentado en el Central Park, en una de sus zonas de sombra, viendo los grandes y bellos edificios que lo rodean cuando levanto la vista de los "nueve cuentos" de Salinger en mi relectura anual...o recorriendo lentamente las salas del MOMA unas horas mas tarde.

· En el sillón de casa, escuchando a Lucinda, con un vaso de Riesling muy frío en la mano, su sabor en el paladar.

· Contigo.



Tenia buen gusto, sus elecciones me parecían bastante sugerentes, y casi seguro que al otro lado del teléfono alguien estaría encantada.