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viernes, 27 de mayo de 2016

abusonas, haberlas haylas.


La rubia teñida le preguntaba al hombre con déficit de pelo que estaba detrás de la barra "Jota, ¿quién es esa hermosa a la par que elegante mujer que no para de escribir?" "
* ¿A la par?
(risas) 
* Jo, no le dejas a una hablar como si tuviera un vocabulario que utilizar.
* Tienes un vocabulario propio y me gustas más cuando eres natural.   Sobre esa mujer, se poco. Viene con asiduidad desde hace un par de días. Se sienta con un vino sobre la mesa, escribiendo lentamente, como eligiendo cada palabra que añade.
Algunos de mis clientes machos teorizaron sobre cómo entrarle a una mujer tan chic. Parece que consideraban evidente que no servirían las tácticas habituales. Hubo varias teorías; desde el hacerse el interesante en la distancia hasta el amable siempre dispuesto a ayudar pasando por el del que va soltando perlas culturales, el del graciosillo con el chiste continuo en la boca o el del metrosexual con sobredosis de sensibilidad. Nada. Mucha boca pero ninguno se atrevió a acercarse
* ¿Y no sabes nada de nada, algún dato?
* Nada.
* Pues ya estás tardando, necesito que satisfagas mi curiosidad.
* Como si tú necesitaras ayuda para satisfacer curiosidades.
* También es verdad.

Lucy acabó su bebida y se dirigió directamente a la mesa de Mar y -sin pedir permiso- se sentó frente a ella antes de que pudiera decir nada.

* Hola, me llamo Lucy he notado que tienes los ojos tristes.
* ¿Notas que estoy triste?
* No. Sonríes. Pero los ojos no acompañan.
* ¿Has venido a decirme que mis ojos no coinciden con mi boca?
* No. Lo que quería decirte es que con esos ojos tan requete preciosos no necesitabas tener esas tetázas perfectas, eso en mi pueblo se llama abusar.


La carcajada de Mar se oyó en todo el local. Y estas veces los ojos iban a la par