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viernes, 3 de junio de 2016

el dia en que Pito aprendió a vivir




Cuando le ofrecieron a Pito la posibilidad de una jubilación anticipada sus compañeros de trabajo le preguntaron que iba a hacer con tanto tiempo libre.
Se puso a pensar y empezó a reírse.


Ahora te lo explica con una sonrisa satisfecha vistiéndole la cara. Dice cosas como; antes llamaba a los sábados el día más largo de la semana, porque eran días con muchas horas para llenar de todas las cosas que no había podido hacer en los dias laborables. Los domingos eran otra cosa, me levantaba tarde y me acostaba temprano, pocas horas. Ahora tengo la oportunidad de disponer de todo mi tiempo y creo que la voy a aprovechar. Hace unos pocos años empecé a comprender la importancia de su utilización, que si no elegía hacer lo que me gustaba, lo que realmente deseaba hacer, nadie lo haría por mi. Empecé a comprender que el tiempo era un lujo gratuito y que saber llenar cada minuto, de cada hora, de cada día, de momentos satisfactorios debía ser una prioridad fundamental. Y mi único interés es si seré capaz de encontrar algo ilusionante cada día...

...y me acuerdo de la tarde en que, sin previo aviso, decidí auto concederme fiesta en el trabajo para ir a buscarla al aeropuerto.
Y me acuerdo de ella en el museo, vestida de azul, mirando arrebatada el cuadro de Vettriano al descubrir la vena erótica del pintor escocés.
Y me acuerdo del pequeño restaurante en el que cenamos.
Y me acuerdo del frescor de la hierba al cruzar el parque camino de su hotel.
Y me acuerdo de su pecho de refilón al salir de la ducha.

Y también me acuerdo que ese día -ya bastante mayor- aprendí a vivir.

Y me vienen a la cabeza ideas como pasear lentamente recreándome en los mejores rincones de mi ciudad, viajar para conocer otras, gandulear en la cama sin ganas de levantarme, desayunar en la terraza dejando que el sol caliente mi adormecido ánimo, leer los libros que otros escribieron para mi disfrute, cenar en el lugar y compañía adecuados, tomar un Cosmopolitan en el Hope para redondear la jornada. Disfrutar de la sensación de que todo en mi vaya a cámara lenta mientras el mundo gira vertiginosamente.

También explica que cuando le preguntaron sus compañeros pensó decirles que tenía planeado dedicar su tiempo libre a pintar.
Luego se acordó de cómo pinta.
Estuvo tres días riéndose por las esquinas.