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viernes, 24 de junio de 2016

las sorpresas -a veces- hay que buscarlas




Llevaba dos meses escribiendo en su blog sobre la tontuna del amor, y su desconfianza en el quién es quién en internet.

Por eso le extrañó a todos los que la conocían cuando, después de muchos rechaces, se atrevió a quedar con uno de esos amigos desconocidos que crea la  red.

Acudió al encuentro parapetada en todos su miedos y un capazo de desconfianza.

No paró de reírse.
Se sintió escuchada, cómoda, natural.
Volvió a casa con una nueva ilusión.

Quería que le llamara, quería que le llamara, quería que le llamara, quería que le llamara, quería que le llamara, quería que le llamara, quería que le llamara, quería que le llamara.

Cuando sonó el teléfono -como no- estaba en la ducha. Corrió mojada y desnuda para descolgar y descubrir que si, que era él. Y le sugería salir otra vez.


Acudió al encuentro sin miedos ni desconfianza, pero depilada y con bragas a estrenar.