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jueves, 17 de noviembre de 2016

de bragas tendidas hasta el paraíso




Comenzamos la salida de fiesta haciendo bromas debajo de un tendedero donde colgaba ropa interior de mujer. Fastidiábamos a nuestras acompañantes fantaseando a quien le iba más cada una de las pieza.
Pero la noche era larga y fue degenerando de antro en antro. Al final acabamos en baretos poco recomendables fuera de cualquier circuito conocido.

En uno de ellos nos mezclamos con un grupo de "raros" y yo acabe de cháchara con la pelirroja de trenzas rastas y tatuajes en cualquier parte visible de su piel. Una de mis primeras preguntas fue si tenía más. "Los más interesantes" contestó con una sonrisa.

Amanecía, cerraban en todos lados. Parte del grupo anuncio su deseo de trasladarse a otro barrio con locales abiertos. La "pelopulpo" me propuso ir a su casa. No dude en la elección.

Vivía en un barrio antiguo, escaleras estrechas, sin ascensor. En el primer rellano se acordó de decirme que compartía piso.

Al entrar me invitó a ir a su dormitorio mientras ella pasaba por la cocina a por algo de alcohol.





Había bastantes puertas pintadas de diferentes colores.Tras la primera me encontré con una pareja durmiendo en ropa interior.
Al asomarme a la segunda, en medio de un desorden absoluto vislumbre a una mujer que -por la posición de su mano derecha- iba a lo suyo. Salí rápido.




No me atrevía a traspasar ninguna otra puerta, entonces la oí "tras la puerta roja esta el paraíso".
La abrí, entré, me asombró lo rápido que se había movido por la casa.
Y si, estaba.