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miércoles, 14 de diciembre de 2016

amigas, excesos, lecturas y sorpresas.




Bebieron para celebrar que por fin habían tenido tiempo coincidente. Se contaron. Charlaron. Bebieron. Divagaron. Hicieron risas. Bebieron. Se contaron. Escucharon. Bebieron.




Y cada una se fue a su habitación a reposar.

E. leyó: 

No se porqué acuden ahora a mi cabeza
aullando como perras
todas las mujeres que te amaron
-¿o amaste?-
No se si se revuelve mi sangre
en un conjuro que de ti
me acerca o me aleja.


Me pregunto hasta qué punto
fueron necesarias en tu aprendizaje
sobre como saber amarme.
Si fueron ellas
las que te ayudaron a encontrarme.


A. Leyó:

No soy grande de altura
ni de nombre.

De hecho, solo tú has sido capaz de verme
sin la necesidad de un microscopio.


Obdulia, en su sofá naranja pensó:

Pues si me lo pregunta ahora igual si le digo el color de mis bragas.