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miércoles, 8 de marzo de 2017

la lista ( 2 ) oportunidad de saber




Patricia estaba sentada en el bar de la facultad, con toda su concentración fija en ocho hojas desplegadas delante de ella. Cada una tenía un encabezado: Arquitectura, pintura, teatro, danza, literatura, música, escultura y poesía.
En pintura, literatura y música había anotado algunos nombres. Las demás estaban vacías.

“Hola, estamos en el mismo grupo” 

Al levantar la vista Patricia vio a Miguel. (Una ráfaga rápida por su cabeza ¡que guapo!).

“Si. ¿Tienes alguna idea?”
“Bueno, podríamos repartirnos los temas y cada uno ocuparnos de dos actividades”.
“¿Y como las repartimos?”.
“Elegimos lo que nos gusta y sorteamos lo que sobra”.
“¿Y si nos gusta a todos lo mismo?”.
“Sorteamos las coincidencias”.
“¿Crees en la suerte? O simplemente te gusta jugar”.
“Vaya, veo que ya tienes una opinión sobre mi”.

Patricia sintió un calambre en su barriga, porque era cierto, tenía una opinión sobre él, sin conocerlo. Era guapísimo, los compañeros decían que la familia tenía muchísimo dinero, siempre estaba rodeado de chicas, siempre se le veía sonriendo, bien vestido (con ropa cara). No había tenido oportunidad, quedó catalogado como un pijo chulo.

“Si, perdona. Creo que tengo una opinión sobre ti sin conocerte”
“Suele pasar. Me suele pasar. A nadie le interesa como soy. Se quedan en la superficie. Pensar es difícil se hace mas fácil juzgar”.
“¿Y?”
“He aprendido a arrancar las ventajas que eso me ofrece no creas; pero es decepcionante”
“Y tu, ¿piensas algo de mi?”

Miguel sonrió. Y, solo entonces, se sentó en la mesa.

“1º sabes que eres guapa, 2º sabes que una pelirroja llama la atención, 3ro sabes que todos dicen que eres la niña mimada del profe y 4to toda la clase habla de que tienes muy buenas notas”
“Eso es lo que se yo, y lo que la clase habla. Y Miguel ¿Qué piensa?”
“¿Importa?”
“Al mundo nada, a mi aquí y ahora; si”
“Muy buena, eres muy buena” Miguel sonreía abiertamente “la una y la dos totalmente de acuerdo, la tres parece que si, la cuarta es obvio, una cosa objetiva. Creo que he tenido suerte al caer en un grupo de trabajo contigo. Y pienso que eres amable. Con tus amigas, con los que te piden apuntes, hasta con algún baboso de los que te pretenden”
“¿Amable?”
“Si. Es una gran cualidad, muy difícil de tener. Lo digo en serio. Tratar bien a los demás. No a la familia. No a los amigos íntimos, los amantes. No, a la gente. Convertirlos en personas”.
“Lo tomo como un halago”
“Lo es”
“También me has prejuzgado”
“Si, creo que todos lo hacemos. Solo que tu sueles salir muy favorecida; a mi me ven el exterior”
“¿Hay interior?”
“Yo creo que si. Lo espero. Lo deseo. No voy a quejarme de mi físico ni de mi dinero, pero son cosas que me han sido dadas sin mi merito. Lo que haga con mi vida si se me podrá achacar a mi”.

Patricia le miraba como si fuera la primera vez. ¡Que diferente era el Miguel imaginario del chico sentado delante de ella! ¡Intentando gustar! (él, el mas guapo), intentando ser valorado. A ella le había pasado, conocía esa sensación, esa necesidad de ser brillante para que valoraran su interior y no se quedaran en la superficie. ¿Amable? Tenia que meditar sobre eso.

“Dos actividades cada uno solo se hace para aprobar, para cubrir el expediente. ¿Conoces arquitectos? ¿Bailarinas? ¿Teatreros? ¿El nombre del pintor de esa cuadro de dos que caminan? Nos ha dado la oportunidad de saber. Al buscarlos los conoceremos, algunos nos gustaran y se quedaran con nosotros el resto de nuestra vida. El conocimiento nos enriquecerá”

“Ves, por eso pensé que estar contigo era una suerte”