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domingo, 26 de marzo de 2017

prejuicios




El tipo del pelo muy corto, traje, pajarita al cuello, pañuelo sobresaliendo del bolsillo superior de la chaqueta, gafas como Joyce y puro se fijó en la mujer que, sentada en el bar a la puerta del museo, se reía abiertamente.

Por la cabeza del hombre pasó una ráfaga de rechazo por todas esas bromas de mal gusto que corren por eso que se da en llamar redes sociales.

En el interior vio a la joven que rodeada de estatuas y sentada en una de las mesas del bar del interior del museo. Leía la prestigiosa revista cultural "Palabras y Cuadros".

Por la cabeza del hombre pasó una ráfaga de satisfacción. Todavía había jóvenes que se interesaban por el mundo de la cultura seria.

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La mujer del exterior acababa de leer en el móvil un mensaje de "su" hombre que le confirmaba que si, que iría con ella a Londres a patear la Tate.

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La chica de las estatuas miraba una foto del "David" y pensaba el mensaje de texto que le iba a mandar a su "hombre". Lo tenia bien pensado: "Que sepas que mis palabras no son la única manera de volverte loco que tiene mi lengua".