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miércoles, 5 de abril de 2017

efectos secundarios imprevisibles



Hacía un frío pelón, Pito se coló en la biblioteca a por un café latte con canela y dos de azúcar.

El tipo que estaba debajo de las bragas guay (me gustan esos contrastes en la biblio) tendría alrededor de cuarenta, una cara de aburrido de las que pueden llegar a marcar una época, y le hablaba a un acompañante que no tenía la misma cara, pero por poco.

Pito alcanzó a escuchar tres frases antes de que llegara la sonriente y vital camarera.

"Pues el año pasado vine con ella y este sitio me gustaba".

"Lo que tengo no me alcanza".

"Puede que no exista el sitio donde quiero ir".

Ella llegó, les dejo un par de sandwiches, y guiñándoles el ojo les soltó: "Nada prevé los efectos secundarios de un hola".

Pitó le hizo un gesto y cuando se acercó hizo su pedido solo después de decirle un muy remarcado "Hola" con su mejor sonrisa. 
Ella le sonrió, apuntó y se fue hacía la barra. 
El le miraba el culo y se imaginaba que llevaba unas bragas como las del cuadro, al mismo tiempo pensaba como podría conseguir algún efecto secundario...eso si, conociendo a Pito este, justamente este, si seria previsible.