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lunes, 26 de junio de 2017

a la misma distancia ( un caso sin delito 2 de 6 )





Cuando le dijeron a Adam que el comisario quería verlo en su despacho estaba tomando un café con leche, lo acabó sin prisa y solo entonces se dirigió al cuarto de su jefe sin apurar el paso, abrió la puerta sin pedir permiso.

"¿Me has mandado llamar?"
"Si, ha desaparecido un crío de 18 años, dejando una nota en su casa. Quiero que investigues un poco"
"¿18? Mayor de edad, puede largarse"
"No seas listillo, ha habido bastante jaleo. Familia con contactos, está preguntando hasta el alcalde. Una investigación rápida, rutinaria, alguna información que podamos facilitar y ya está"

Se miraron, los dos sabían que Adam no hacía nunca nada de forma rutinaria.

"¿Porque yo?"
"Ha llenado de pintadas el instituto. Tu eres el especialista en pintadas del cuerpo" El comisario no podía evitar que se le escapase la risa.
"¿Quien me acompaña?"
"Claudia, tiene que aprender y estuvo contigo en lo de las pintadas del chalet"

El inspector recogio el informe de los datos que le tendió su jefe,  se dio la vuelta y salio del despacho.

*****


Claudia y su compañero aparcaron el coche en la acera de enfrente al bar. La fachada era de grandes cristaleras, tenía una terracita exterior cubierta con seis mesas que estaba vacía. El letrero informaba que el local se llamaba Hope.

“¿Por qué venimos aquí antes que al cole?”
“En los informes se señala que es su lugar favorito. Que pasa por aquí después de clase y solo acude a su casa ya a la hora de cenar. Nos darán información. Y si tuviéramos mucha suerte igual está el fugado. Lo que no creo. Los profes me dijeron que les venía mejor horario de tarde para no perder clases”.

Entraron, estaba casi vacío; era un sitio agradable, suelo de madera gastada, mesas amplias y con espacio entre ellas, sonaba una música -el Cohen de canciones de amor y odio- de forma suave. Al fondo un cliente sentado en la mesa más alejada, la que estaba junto a la ventana, parecía leer en un iPad.

Vieron la pared solo entrar. 

Adam se acercó al hombre detrás de la barra y se identificó.
"¿Vienen por Peter?"
"Si, todos sus compañeros dicen que venía mucho aquí, ¿de verdad se llama Peter?
“Creo que Pedro, pero sus amigos le llamaban Peter”
“Comentan que se llevaba bien contigo”
"Es un buen chaval, le voy ha echar de menos si no vuelve"
"¿Que mas nos puedes decir?"
Limpió un poco la barra, realizó una casi imperceptible mirada hacia el parroquiano del fondo y dijo "Muy buen chaval, culto. Venía y se ponía a leer, o a escribir"
"¿Solo?"
"Muchas veces; si estaba solo leía o escribía. Más leía, de todo. Pero si estaba con amigos hablaba y se relacionaba"
"¿Algún amigo especial? ¿Alguien a quien le podamos preguntar?"
"No. No se. Aqui no"
Adam se volvió y señaló la pared, con la frase escrita, la misma letra. Diferente color: Un azul cielo prometedor.


"Escapar no significa ir a alguna parte"

"Me pidió permiso, hace un par de semanas. Pensaba retirar el cuadro de mujer con maleta, pero lo dejé. Entona bien con la frase. Me pareció buena idea. (Pausa). Pero creo que les interesará mas la otra".

Salió de la barra y les llevó al fondo del local.
Abrió el lavabo de señoras.
Y allí estaba, con la misma letra y esta vez si el mismo rojo.
Ocupaba toda la pared.

"No importa donde vayas,
no importa cuanto corras,
no importa donde llegues, porque siempre estarás
a la misma distancia del sitio que has caído"


Volvieron a la sala. Claudia le preguntó el nombre al propietario
“Jota”
"¿Nos puede decir algo más?"
"Díselo" intervino el cliente del iPad.
"Últimamente hablaba mucho con Pito" dijo sonriendo el camarero.

Adam se acercó y se sentó con él
"¿Qué puede decirnos?"
"Un chico sensible, les di una charla en el cole, y esa misma tarde cuando me vio aquí vino a que le explicara cómo se mezclan las palabras para transmitir emociones. Estaba interesado"
"¿Alguna pista de que se iba a marchar?"
"Ninguna, parecía contento”.
“¿De que solía hablar con los amigos?”
“De todo, (pausa) Bueno de todo, no. Nunca hablaba de su familia”.
"¿Cree que le pegaban?"
"No".
“¿Que te llamaba la atención?”
"Es raro ver a un chico tan joven leer autores no excesivamente comerciales"
El policía esbozó media sonrisa
"Es raro ver a un chico joven leer"


Al dirigirse a la puerta Adam se volvió y preguntó "¿Pito?"
"Agapito, hago que me llamen Pito y me importan tres pitos si a alguien no le gusta”.
Sonrieron los dos.

Salieron a la calle. Caminaron cerca de la playa hasta el coche.
"Claudia, voy a comer a casa. Nos vemos esta tarde en el Instituto, para hablar con los profesores"
"Vale"


El policía está en su casa, a lado de la reproducción de un Vettriano en el que un hombre y una mujer andan por la playa. Es mediodía pero casi se puede ver el frío por la ventana, mientras por la acera pasa la gente envuelta en ropa y en su propia vida. Desde la ventana y al calor de una taza de café con leche, juega a adivinar, haciendo el guión de las películas de otros: Esa va a una cita de amor, recreándose en lo que posteriormente solo será una pequeña decepción. Aquel corre porque se le acaba el límite temporal para realizar una gestión. Los niños juegan bajo el árbol olvidando los deberes, la hora de regreso, las riñas, todo lo ajeno al disfrute del momento.

Le gusta ese focalizar en el juego y olvidar lo demás.

Es lo que intenta cuando deja que la mente juegue para que el cerebro -que no sabe de pausas- se mantenga ocupado.

Pero el cerebro sigue a lo suyo y sigue dandole vueltas a las dos pintadas.

Lo importante no es la huida, lo importante es saber levantarse y mirar otros horizontes.