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martes, 1 de agosto de 2017

historia rara pero menos





Después de comprar el periódico, me fui al café de siempre. El del suelo de madera, mesas amplias y luz suficiente. Al entrar la vi, estaba sola, con una taza de café que rodeaba con las manos, ella levantó la vista y fijó sus ojos en mi.

Algo más; fijo su mirada. Esbocé una ligera sonrisa, le hice un gesto ligero con la cabeza, me senté en mi mesa de siempre, cerca de la ventana, la que estaba debajo de los tiburones de la noche “el” cuadro de Hopper, pedí mi droga diaria y me puse a leer.

Pero una idea se había colado sin permiso -traviesa- y jugaba bailando en mi cabeza. Idea que evitaba que me concentrara en las letras negras del diario, idea que saltaba para recoger toda mi atención.
Idea que repetía "Te ha invitado, te ha invitado, te ha invitado...."

No me atrevía a acercarme, ¡con que derecho! seguro que la molestaba, seguro que iba a pensar de mi que era un baboso,o peor un acosador. El miedo me paralizaba, pero mi deseo era intentar.

¿Había mirado en mi dirección? Me pareció ver un ligero movimiento en sus labios, como el inicio de una sonrisa que no llegó a concretarse.

Sonaba suavemente la música en el cd del establecimiento, Sabina decía "Quién más quién menos tiró una vez la casa por la ventana…”. Ella movía los labios sin sonido repitiendo las palabras.

Me levanté, me acerqué despacio, sin apartar mi mirada de sus ojos, ahora fijos en los míos, coloqué mis dos manos en su mesa y bajito (con la boca seca) dije "Me gustaría sentarme un rato contigo. ¿Molesto?"