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jueves, 8 de marzo de 2018

un inicio en cinco pasos (3)



No le costó nada adaptarse a la nueva ciudad. En realidad cualquier cambio que le alejara de la rutina de su vida anterior le satisfacía.

Tener que aprender las habilidades de su nuevo puesto de trabajo, conocer a sus compañeros, adaptarse a su nuevo apartamento, más pequeño pero frente  al mar, a las calles desconocidas por las que ahora caminaba…todo le mantenía interesado.

Sin conexión wifi se acercó hasta el paseo marítimo en busca de un café con disponibilidad. El Hope le gustó. Había música pero a un nivel que permitía hablar. Mesas amplias, con espacio, un suelo de madera gastada que le encantaba, calidad en lo que servían y calma. Parecía que al entrar llegabas a un remanso de paz.

También le gustaron los cuadros de la pared, que averiguó que se cambiaban semanalmente. Le hizo gracia que justo ese día hubiera una trozo de la estatua de la libertad,  le hizo pensar en si mismo hace unas semanas, cuando se camaleonaba del color que los demás esperaban y escondía detrás de una sonrisa falsa su frustración.

El Hope era un local en el que siempre había gente, pero nunca parecía repleto.

Un buen lugar desde donde empezar la construcción de su nueva vida basada en los pilares de trabajar en lo que le gustaba, disponiendo de tiempo y espacio para el mismo.

Menos dinero pero más tiempo para gastarlo.

Pidió un vino y empezó a teclear en el portátil.