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domingo, 18 de marzo de 2018

gastar hay que gastar



Como habíamos quedado, mi amigo llegó después de comer.

Ella le dio esos dos besos que son de rigor y dijo "Me voy al patio a leer, os dejo con vuestras historias".

Me contó que no acababa de encontrar suficiente tiempo en cada día para sus compromisos. Hoy mismo fue a navegar y su medio novia se enfadó porque no se acercó con ella al mercadillo de libros que se había instalado en la plaza grande, a pesar del regalazo que le había traído del puerto.

"¿Me pones un café" pidió.

Y navegando con su velerito le paso, por la derecha claro, un velerazo genial. Tuvo envidia. ¡¡Quién tuviera dinero para comprarlo!! añadió.

Haciendo los cafés me asomé al patio. De leer nada, se había dejado vencer pos el peso de la comida -o quizá del rápido postre- y se estaba echando una siesta en incomoda postura que delataba que no había podido recomponerse del todo de las post comida.

¿Por que no aceptaste mi invitación y te viniste conmigo a navegar? me decía mientras depositaba su taza frente a él.

Sonreí.

"Tiempo y dinero" dije. "Una recomendación; gasta tu dinero en cosas que se pueden comprar y gasta tu tiempo con lo que o quien no se compra".

Me miraba como si estuviera medio loco. Yo seguía sonriendo.