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martes, 10 de abril de 2018

jugando a apostar





La rubia del pelo corto había venido al hope varios días seguidos a la misma hora. No hacia caso a nada ni nadie. Llegaba a la barra pedía un café latte con canela, lo tomaba y se iba.

Hicimos una apuesta. A ver quién conseguía que se interesara por algo ajeno a su recorrido y su café.

Sorteamos el orden de colocación, ya que quien estuviera primero podía dejar sin opciones a los demás.

El orden fue: Guille, Pito, Meraki y yo quedé el último. Dadas mis escasas posibilidades elegí colocar junto a la puerta una imagen de mujer bañándose en pelotas.

La vimos venir y mientras yo esperaba en la barra los demás se colocaban en su trayecto.

Entró, ni miro la imagen, pasó junto a la primera mesa "No entiendo la ira, capaz de destruir pero que no te salva", ni pestañeó.

Pasó junto a la segunda mesa "El sexo fue tan bueno que hasta los vecinos se echaron el pitillito". No pudo evitarlo, se giro a mirar a un sonriente Pito que hacia con los dedos la uve de la victoria.