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viernes, 13 de abril de 2018

paseando con las orejas abiertas



Centro comercial, abarrotado. Personas que se mueven ignorándose las unas a las otras, voces que vuelan. Una Nelson en la pared. Una foto en otra. Dispares como la gente que pasa por delante sin siquiera mirar.


Escena uno: Un tipo que no llega a la treintena habla por teléfono al modo siglo XXI (Eso es usando la cámara, el móvil frente a la cara, voz claramente audible por quienes le rodean) "He tirado mi pasaporte, te declaro el único país que quiero visitar. He quemado mis diccionarios, eres la única lengua que quiero usar".


Escena dos: Un tipo trajeado, de unos cuarenta largos, sentado en uno de los cafés habla con su acompañante. "No me gustan los lunes por la mañana" (pausa) "Ni la gente a quienes les gustan los lunes por la mañana" (pausa) "Ni los lunes" (pausa) "Ni las mañanas" (pausa) "Ni la gente".


Escena tres: Una mujer peinada con un despeinado que la favorece, camina muy rápido, acarrea una cantidad indeterminada de bolsas, habla por teléfono. "Normalmente me basta con un buenos días, un café y un beso. O unas risas, un que aproveche y un té, o un ¿como te ha ido el día?, una caricia y un vino. Pero hoy me he levantado estupenda y quiero el menú completo (pausa. escucha)"Para nada, no hablo de comida; quiero besos, risas y caricias todo con "s" final..."