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lunes, 23 de abril de 2018

la noción del tiempo




La encontré en la calle, me llamó la atención su vestido amarillo.
Decidí atreverme. Me senté a su lado.
"¿Me esperabas a mi o solo sobrevivías?".
Sonrió.
“Es mi santo”. Añadí
Volvió a sonreír.
“Habrá que celebrarlo” dijo.


La afinidad fue evidente.
Charlamos perdiendo la noción del tiempo.


Acabamos cenando en un bareto de barrio
“Mi fórmula para la vida es muy simple; me levanto cuando toca, me acuesto cuando toca y en medio intento pasarlo lo mejor que me es posible”. Dijo.
Charlamos perdiendo la noción del tiempo.
Nos echaron del restaurante, cerraban.


“Un día decidí ser normal, pero a los veinte minutos lo deje, era aburrido”. Dije.
Charlamos perdiendo la noción del tiempo.
Nos echaron del bar de copas, cerraban.

Ella dijo; no tengo sueño.
Dije; yo tampoco.

Ella dijo; ¿un algo en tu casa?
Dije; Si no te asusta el desorden...

Llegamos y entré recogiendo todo lo que iba encontrando mientras le indicaba que el mejor sitio era mi diminuta terracita, que se pusiera cómoda y que las bebidas estaban encima de la pila de libros.
No quería hacerla esperar demasiado. Deje todo amontonado  en el armario del dormitorio y regresé.

Ella tenía una copa. Literal, solo la copa. Había elegido coñac.

Me vio, dijo; hola (hay que poner toníllo).
Me encanta tu definición de "ponerte cómoda." Dije con una sonrisa que llenaba mi cara.