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sábado, 12 de mayo de 2018

el muro




La joven se quedó anonadada ante el cuadro.

Allí estaba la metáfora de su vida:
Un muro infranqueable, sin resquicios para avanzar, sin agujeros que le permitieran ver un futuro prometedor.
Una superficie toda igual sin nada que le aportara color o brillo, sin nada que resaltase. Gris. Plana.

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Por la tarde, en su sillón, tenía el libro en las manos pero no podía leer, sus ojos no veían las letras seguían atrapados en el cuadro.
Recordaba la gente que amó y dejó marchar.
Gente querida y luego reemplazada y de tanto acumular adioses y maletas, de cambiar de camas y mudar penas se había vuelto un poco esquiva y otro tanto blindada.
Su propio muro.

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Fue al teléfono y llamó al hombre: "Lo estoy pasando bien, pero sé que no estoy haciendo lo que quiero.
Fantaseo con cambiar de trabajo, de ciudad, con que tendré mejores relaciones.
Pero hay un muro: La subsistencia diaria que me tiene anclada.
Me estoy cansando de alquileres, pero por ahora no veo ninguna posibilidad de compra, ya tu sabes, alquileres son esas relaciones con plazo, y la compra sería un intento de eternidad".

La voz de el hombre, suave, tranquila, con pausas entre frase y frase:
"Escapa de instalarte en la fácil postura de compadecerte de ti misma.
No quieras vivir el mañana antes de que llegue.
Disfruta hoy de lo que tienes y alcanzaras el futuro sonriendo.

Que no pierdas tu legendaria sonrisa debería ser tu prioridad.
Alguno de tus alquileres acabará siendo con derecho a compra.
O no.
Pero tu sabes que finalmente todos los muros tienen puerta.
Tienes que tener paciencia en la búsqueda y no rendirse."