.

.

miércoles, 23 de mayo de 2018

él sabía



Parecía que el mundo giraba a otra velocidad.
Todos lo querían todo antes.

Escríbeme ya, contéstame ya, decídete ya, hazlo ya... se acaba el plazo... antes de...

El hombre sentado en el café dejaba que cada minuto durara sesenta segundos.

No solo saboreaba la copa de vino, lo hacia de cada sorbo. Y al mismo tiempo disfrutaba del "Envy the wind" de Lucinda que sonaba (suave) en el local, del cuadro de la pared en el que él (posiblemente solo él) veía a una mujer que en lugar de subirse ya a un metro abarrotado sabía esperar ¡¡¡tres minutos!!! por el siguiente. También lo hacía del glorioso día soleado pero no demasiado caluroso, del mar, hoy tan azul, que totalmente calmo se extendía ante su vista, de cada frase del tantas veces releído "todos nosotros" de Benjamín...

El sabia.
Sabia que había cosas que era mejor saborear despacio.
Que la prisa solo es hija de una época irreflexiva en la que muchas personas habían olvidado que significaba un pensamiento independiente. Gente que corre para llegar a cualquier sitio donde se acumule "todo el mundo". En donde todo debe pasar en modo "ya".

El se fijaba en el cuadro de la mujer que se subía el vestido y sabía que ese gesto solo es maravilloso si se hace despacio.

Si parecía que el mundo giraba a otra velocidad...

... también parecía que no le afectaba demasiado.