.

.

sábado, 10 de octubre de 2015

60 ensayos para una nueva aventura (26)



El perro ladraba sin parar.
En la calle.

En una de las mesas del Hope -la mas alejada del rincón ocupado por los bulliciosos universitarios- el tipo despeinado hablaba con la morena del pelo rizado que le escuchaba entre divertida y atenta.

* ¡Que lo sepas! te aseguro que en un año -como mucho- seré tu segundo marido.
* ¿Y que pasa con mi primer marido?
* Nada que puedas probar.

En otra mesa, en otra esquina, la rubia con ojos azules le decía a su amiga; "Estoy anclada en la memoria de lo que fui".

Fue en ese momento -y sin aviso previo- cuando uno de los jóvenes barbaros se subió a una mesa, consiguió el silencio y la atención de sus compañeros y dijo en un tono lo suficientemente alto para que le escucharan todos los que estaban en el café.

"Vale, puede que la vida no sea la fiesta que nos habíamos imaginado, paro ya que estamos aquí: bailemos".

Y, fijatetu, afuera el perro seguía ladrando.




4 comentarios: