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lunes, 31 de agosto de 2020

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Fue en verano. Hace un par de años. Era Londres. Buen tiempo modo inglés, eso es no llovía y el sol aparecía de vez en cuando entre las nubes.

Aprendí dos cosas.

Siempre que viajo visito los museos de arte moderno, en esta ciudad paso cada vez por la Tate Modern. Que tiene esa sala llena de Rothkos que me fascina. Y mantengo una antigua costumbre; hacer gasto en la tienda de regalos y comer en su restaurante.

La Tate tiene uno bastante reconocido en en el piso alto, con vistas al Támesis, caro (y decir caro en Londres significa mucho). En el piso a ras de calle tiene otro. Muy grande, en forma de ele. Precios asequibles, comida sencilla.

Como yo suelo hacer la comida a mi horario y los ingleses son muy suyos en esa cuestión, cuando aparecí a comer la segunda sala, la que estaba más alejada de donde se recogía el buffet, estaba casi vacía. Con mesas muy largas, a compartir. Escogí una sencilla lasaña y fish and chips. Al sentarme y dejar la bandeja en la mesa me percaté de que no había cogido cubiertos, me levanté y fui a buscarlos.

En el viaje de ida y vuelta me di cuenta de que sonaba la versión nueva de una de las tomas del "Blood on the tracks" de Dylan. La canción era "If you see her, say hello"

Al llegar a la mesa vi que una joven negra, con un vestido sencillo pero lindo, con el pelo muy corto y teñido de rubio, estaba comiéndose mi lasaña. Pensé que sería una estudiante universitaria que no llegaba a fin de mes, jugando a adivinar la coloqué estudiando arte. Dylan decía eso de "la respeto por hacer lo que hizo" y a mi me dio la vena solidaria, pensando en la difícil vida de los que nacen en países más pobres, y el hambre que hay que tener para hacer algo así.

Me senté junto a ella, le sonreí, cogí el pescado con patatas y empecé a comer. Ella me miró y sonrió. Siguió con la lasaña.

No hablamos. Cuando terminó, me volvió a sonreír, cogió su plato, se levantó y lo llevó a esa especie de estantería donde se dejan  las bandejas. Terminé sin prisa. Cogí mi bandeja para ir a dejarla cuando...

... en la mesa que estaba vacía vi mi bandeja, mi lasaña y mi fish and chips. Sin tocar. Al volver con los cubiertos me había equivocado de mesa.

Me había comido el segundo plato de la joven tan orgulloso de mi mismo por "invitarla".

Era verano. Era Londres.

Aprendí dos cosas: Que tenemos metidas en la cabeza ideas que nos impiden ver de verdad. Y que existe muchas más personas como la que me dejó comer de su bandeja. Siempre que me preguntan por que soy optimista me sorprendo. ¿Cómo no serlo?



12 comentarios:

  1. muy buena anécdota.
    a saber que habrá pensado la estudiante!

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    1. f: que igual era una alta ejecutiva del museo.

      las dotes de adivinación brillan por su ausencia en esta historia.

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  2. Me gustan los colores de Rothkos.
    Ella también quiso ser solidaria y te dejó comer su pescado con patatas, estuvo muy bien. Y sí, hay de esas personas, y más de las que pensamos.

    Un beso, Guille.

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    1. Carmela: Rothko me fascina. He visto más de veinte de sus obras en directo y son fascinantes.
      En mi casa tengo tres filas de láminas no muy grandes en una pared (21 en total).

      Es cierto, las dos personas actuaron con generosidad.

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  3. Una muy buena entrada.
    Me ha gustado mucho lo que he aprendido contigo hoy. Siempre hay personas que nos sorprenden y por contrapunto, muros mentales que nos impiden ver la realidad. Cierto.

    Espero que hayas pasado buen verano.

    Besos

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    1. Mukali: Es -muy- importante saber fijarse en las personas que actúan bien.

      Ayuda a disfrutar la vida.

      Bien, pero este año me he quedado sin viaje.

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  4. Algunas cosas solo suceden en verano, o en Londres, o en algún que otro museo de arte moderno. O después de llenarse los ojos de Rothko.

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    1. g: Y fijatetu si es verano, es Londres, es un museo de arte moderno y se sale con los ojos llenos de Rothko.

      jajajajajaja

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  5. La fijación funcional, que le llaman. Es agradable descubrir, aunque sea tarde, que nos hemos encontrado con alguien generoso y de tan buen rollo. Aunque a saber qué pensamientos pasaron por la cabeza de ella.

    Besos

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    1. Alís: Hay muchas personas generosas en el mundo. Una gozada cruzarse con alguna de ellas.

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