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jueves, 25 de abril de 2019

la hora de comer



Él un moderno, el fino bigote con los bordes apuntando al cielo le delatan.
Ella con los labios pintados de rojo explosivo y con zapatillas deportivas con unas suelas de más de ocho centímetros que impiden hacer deporte.
Ninguno de los dos ha llegado a los veinticinco.
Él lleva un par de bolsas de tiendas de moda.
Ella cinco.
Se sientan a comer. Piden.
Él se pone a jugar con el móvil.
Ella tiene una conversación manteniendo el teléfono horizontal frente a la boca.
Piden otra mesa porque en la suya no tienen sitio para las bolsas. Se la dan.
La comida la comparten.
Él es más rápido.
A ella le interesa más el wasap que la comida.
Hablan muy poco entre ellos.
Acaban. Paga él.
Se van.

Parecen felices.



22 comentarios:

  1. Y los dos tienen tortícolis (de mirar tanto el móvil) aunque bueno, es una dolencia que sufre el 70 % de la población... (por lo menos!) Y yo a veces, me incluyo. :) besos

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    1. Laura: El móvil se convierte en protagonista en la vida de mucha gente.

      Parece más importante lo que pasa en la pantalla que la persona que está contigo.

      ¡que pena!

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    1. Demiurgo: Es la contradicción.

      No parece que les disguste que la otra persona preste más atención al móvil.

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  3. Tal vez son felices así, ignorando a quien está delante.

    Hace unos meses, quizás un año circuló mucho por la red una imagen con una leyenda que más o menos recuerdo: "Si estás en una situación de apuro, ¿a quién no llamarías?, porque sabes que no te contestará".

    Después de unos días que me acordé tenía celular lo encendí, me habían mandado diferentes personas imágenes parecidas con la misma leyenda, empiezo a creer que soy indiferente al celular.

    💋

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    1. Adel: Desde que empezó esta tendencia me ha sorprendido con que naturalidad se acepta que se preste mas atención a la pantalla que a quien está físicamente delante.

      Ser indiferente al celular no parece un error. Lo tenemos para lo que sirve, no para ser sus esclavos.

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  4. Así de “felices” pueden llegar a las bodas de oro.
    ¡Qué triste estar con alguien sin estar!
    La vida es una mierda, jajajaja

    Besos

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    1. Alís: Como dice mi poeta de cabecera: Nada más triste que el amor eterno cuando sigue durando cuando ya no hay amor.

      La vida no, solo la de algunos.

      Pd: Veo venir por ahí a Pito con una botella en la mano.

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  5. que lejos están !!!,pudiendo estar tan cerca

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    1. odalys: Cuando miras parejas así no ves que se sientan lejanos. Lo están, pero no lo saben...todavía.

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  6. Yo recuerdo cuando no existía el móvil ¿cómo podíamos vivir? A veces me lo pregunto, y eso que yo lo uso de forma moderada, pero la gente no tiene medida de las cosas y ahí está el problema.

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    1. Manuela: El móvil -todos lo sabemos- tiene cosas buenas.

      Luego están esas gentes que viven de lo que sale de la pantalla y se olvidan de aprovechar lo que les pueden aportar quienes les rodean.

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  7. De haber llevado al niño, este jugaría con el móvil y lo padres discutirían mientras por cualquier tontería.

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    1. Melita: Muy jóvenes para tener niño en los estándares de hoy en día.

      O los tres estarían más preocupados de los aparatos que de los acompañantes.

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    2. Y por qué sabes lo jóvenes que son? Ah, sólo los menores de 35 son modernos.

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    3. Melita: Porque hay una linea que pone "ninguno de los dos llegaban a los veniticinco". jajajajajajaja

      Modernos, como antiguos, los hay en todas las edades. De todo hay en todos los grupos.

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    4. Ojú. La culpa de que no vea ya la tienen las elecciones. Ya se ha acabado hoy para mí el tema electoral. Buen finde, Guille.

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    5. Melita: Es que la entrada está sacada de dos que comían en la mesa junto a la mía el otro día. Y eran de esa edad.

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  8. Y no solo parejas. Hoy he estado paseando por la playa (en un atardecer precioso) y más de la mitad de las personas que me he cruzado estaba usando su movil.
    Nos perdemos la vida, Guille...momentos que pasan delante nuestra, tan bellos...

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    1. mukali: Las gentes de hoy en día tienen al móvil como centro de interés y se olvida de lo que le rodea.

      No todos nos perdemos la vida.

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