El circo de la vida
En los días brillantes
te crees domador de fieras
pensando que es a ti a quien obedecen
y no al látigo.
Otros más sombríos
te ves como equilibrista
caminando con cuidado sobre el tenso hilo
sin querer mirar hacia abajo.
Nunca se te ocurre pensar que en realidad
eres el payaso
tropezando constantemente
mientras los demás se ríen.








