En una de las paredes del Hope mujer con maleta y puente, en otra pared, mujer con copa de champagne. Una al aire libre, otra en casa.
Uso mi iPad gigante a modo de libro. Munro.
Detrás mía -no la veo- una mujer habla por teléfono.
"Albergo vidas que no han crecido".
Se de una amiga mía que podrían decir lo mismo.
"Es que tengo que ser varias para ser yo misma".
Eso dice mi amiga.
La "voz" se fue. Intente leer. Pero estaba claro que Munro tenía que esperar. Podía reconocer a mi amiga en las dos mujeres de la pared. Y se que tendría que usar varias más para poder describirla. Y sospecho que alguna que otra "variedad" se habrá perdido por el camino.
Más tarde -ya en casa- bailaba en mi cerebro la pregunta de cuántas de las pérdidas habrían sido interesantes.
Uso mi iPad gigante a modo de libro. Munro.
Detrás mía -no la veo- una mujer habla por teléfono.
"Albergo vidas que no han crecido".
Se de una amiga mía que podrían decir lo mismo.
"Es que tengo que ser varias para ser yo misma".
Eso dice mi amiga.
La "voz" se fue. Intente leer. Pero estaba claro que Munro tenía que esperar. Podía reconocer a mi amiga en las dos mujeres de la pared. Y se que tendría que usar varias más para poder describirla. Y sospecho que alguna que otra "variedad" se habrá perdido por el camino.
Más tarde -ya en casa- bailaba en mi cerebro la pregunta de cuántas de las pérdidas habrían sido interesantes.
Y acudieron a mi las reflexiones de una Sylvia de 18 años en la universidad comparando la vida con las ramas de un árbol y la frustración de saber que cuando se elegía una se perdía la posibilidad de ser otra.







































